¿Puede el mindfulness ayudarnos en nuestras rutinas diarias?

¿Puede el mindfulness ayudarnos en nuestras rutinas diarias?

Como consecuencia del agitado ritmo de vida que impera hoy en día, cada vez nos volvemos más reactivos  y menos proactivos, no obstante, para esta situación pudiese haber un antídoto…me refiero específicamente al mindfulness o lo que sería su traducción en la lengua de Cervantes, la conciencia plena

Con este artículo, deseo compartir con ustedes amigos lectores algunos aspectos resaltantes de esta técnica (que si bien tiene un origen milenario, no resultaba muy popular si no hasta años recientes)y cuál puede ser el impacto de su práctica frecuente en nuestra cotidianidad.

Con el paso del tiempo, se ha venido demostrando que la práctica de antigua técnica podemos desarrollar lo que los expertos llaman el “espacio del segundo mental”, el cual existente a partir de un estímulo concreto y nuestra respuesta a este. Obviamente, un segundo no implica mucho tiempo, sin embargo, puede marcar la diferencia entre fallar y mejorar nuestro desempeño, lo primero es lo que suele ocurrir cuando apresuramos un decisión.

En pocas palabras, este “segundo mental” al que me refiero nos puede ayudar a liderar nuestra mente, emociones y todo lo que gira en torno a nuestras vidas.

Diversos estudios confirman como la práctica continua del mindfulness altera nuestros cerebros y cómo interactuamos con nosotros mismos y nuestro entorno. Lo que ocurre es que el sistema operativo de nuestro cerebro cambia, dado que nuestra actividad cerebral se redirige desde la antigua y reaccionaria zona del cerebro incluyendo el sistema límbico, a la zona más nueva,esa que denominamos cortex prefrontal

El beneficio fundamental de esta “nueva” forma de operar de nuestro cerebro es que la actividad en la zona encargada de responder a los estímulos de “luchar o huir” así como de las reacciones automáticas, se verá reducida y en contrapartida, la parte del cerebro que maneja lo que denominamos “funcionamiento ejecutivo “ responsable de controlar lo que pensamos, decimos y hacemos, va a verse aumentada.

Cuando nuestro “Centro de Comando” como me gusta llamarle, incrementa su capacidad, estaremos en una posición mucho ventajosa, dado que estaremos “detrás del volante” de nuestra mente y en consecuencia de nuestras vidas.

Quisiera compartir 3 tips que procuro emplear: en mi día a día que hasta ahora me están dando buenos resultados:

  1. Practicar 10 minutos de meditación, para esto, solo debes buscar el momento que mejor se ajuste a tu rutina de manera que disminuyan los posibles eventos que te impidan adoptar el hábito. En mi caso, el mejor momento es en las mañanas cuando voy en el transporte público, ahí no tengo muchas distracciones por lo que puedo concentrarme en mi entrenamiento de conciencia plena. Te recomiendo la aplicación que suelo usar, la cual es gratuita, el único detalle es que es en inglés. La puedes conseguir a través de este link: https://www.potentialproject.com/apps/
  2. No más multitasking o múltiples tareas al mismo tiempo: (incluso si eres mujer, y se que pueden hacer múltiples cosas al mismos tiempo, pues tengo más de 10 años de casado) nuestros cerebros no fueron diseñados para funcionar como un computador que nos permita atender a plenitud dos o más tareas simultáneamente, lo más productivo es (aunque te cueste creer, como a mi) es enfocarse en una tarea, concluirla y luego pasar a la siguiente. Verás cómo tu nivel de concentración aumenta notablemente y en consecuencia tus resultados. Si aún te mantienes escéptic@, entonces te invito a pruebes por un par de semanas y luego analices si notas algún cambio positivo, eso si, te adelanto que al comienzo tu cerebro tenderá a querer « volver a la normalidad » por lo que debes estar pendiente y ceñirte al plan inicial.
  3. Usa tu agenda o planner . Programa una revisión de tus avances, esto te va a permitir evaluar cómo te sientes aplicando lo anterior. Como sugerencia, trata de invitar a alguien más a hacer lo mismo, así podrán entre ambos compartir sus puntos de vista y comentarios sobre los posibles cambios experimentados; si no consigues a nadie interesado, no pasa nada, lo que puedes hacer es pedir a alguien que sea tu “compañer@ de rendir cuentas” o como los americanos le llaman “accountability buddy” lo cual te va a permitir asumir la responsabilidad de rendirle cuentas a alguien y por ende te verás comprometido a poner lo mejor de ti para mostrar resultados y avances.

En fin, el mindfulness definitivamente no es una panacea ni nada que se le parezca, no obstante, se trata de una herramienta que nos va a permitir desarrollar la capacidad de concentración al momento de realizar nuestras tareas diarias y mejor aún, nos dará recursos que podremos emplear para canalizar de una forma más eficiente las situaciones apremiantes en las que debemos dar una una respuesta con rapidez y eficacia.

¿Somos prisioneros de nuestra Zona de Confort?

¿Somos prisioneros de nuestra Zona de Confort?

¿Es la zona de confort la culpable de la falta de creatividad? ¿Hasta qué punto debemos sentirnos cómodos? ¿Necesitamos el stress en nuestras vidas? ¿Por qué tendemos a crearla?

Estas y otras interrogantes serán el tema central de nuestro artículo.

¿Qué es la zona de confort?

La definición de base de la zona de confort nos dice que es ese espacio mental en el cual nos movemos como pez en el agua, allí donde hacemos las cosas de “memoria” pues ya nuestro cuerpo-mente se sienten a gusto, protegidos, seguros, o en pocas palabras, sentimos que la situación está bajo nuestro control lo cual no nos demanda mayor esfuerzo (físico y/o mental) para ejecutar las tareas.

Para saber a donde vas, es importante saber de donde venimos

Si lo que quieres es seguir sintiéndote a gusto, sin correr riesgos haciendo sólo lo que ya sabes, entonces este artículo no es para ti, en cambio, si eres una de esas personas con un espíritu inconforme, de esas que desean siempre más, que aspira siempre retarse a sí mismo con nuevas situaciones, pero que en ocasiones requiere un “empujoncito”, entonces ponte cómodo y continúa leyendo el artículo, pues creo que  te puede interesar, ya que en las próximas líneas vamos juntos a descubrir algunos detalles que tal vez desconocemos o que de pronto ya sabemos, pero que nos llevarán a hacernos algunos cuestionamientos personales que nos permitan saber si nuestro status quo (estado actual) es donde queremos permanecer o definitivamente queremos implementar algunos cambios de rumbo.

Siendo el humano un animal de costumbres, es su naturaleza procurarse una serie de rutinas en todas o casi todas las tareas que ejecuta con regularidad, esto le brinda seguridad y certeza sobre qué esperar. Esta búsqueda de pasos repetitivos, creo que en muchas ocasiones se hace de manera inconsciente, pues nuestro cerebro siempre busca la forma de optimizar nuestra energía y una de ellas es ahorrando pensamientos, es decir, “automatizando” nuestras respuestas.

¿Qué sentimos cuando estamos en nuestra zona de confort?

Aunque pueda sonar absurdo, cuando nos sentimos más seguros, con un nivel de ansiedad bajo, protegidos contra “cualquier riesgo”, en fin allí donde nos sentimos naturalmente bien, es cuando podemos decir que estamos en una prisión, muchas veces nos negamos a salir por distintas razones, de ellas tal vez la más frecuente y la menos admitida por sus “usuarios” (lo puedo asegurar por conocimiento de causa, pues he sido huésped de dicha prisión), es el miedo.

Ese miedo que nos invade a consecuencia de lo desconocido, ese que nos provee todas las justificaciones que necesitamos para precisamente volver al mismo estado en el que nos encontramos, sin dejar espacio para el cambio. Esta situación creo, queda gráficamente plasmada en la escena de uno de los mejores filmes de la historia del 7 mo arte como lo es Sueño de Fuga (Shawshank Redemption, 1994), específicamente, cuando el personaje magistralmente interpretado por Morgan Freeman llamado Ellis Boyd, es dejado en libertad tras cumplir una larga condena.

Cuando Ellis sale del penitenciario, en lugar de estar feliz por finalmente volver a ser un hombre libre, es invadido por lo que a simple vista luce como un «incomprensible » miedo, pues en realidad este era ocasionado por aquello que supuestamente debía brindarle alegría, ya que tendría que lidiar con un mundo totalmente nuevo y diferente al que se había ya acostumbrado. Y es que en muchas ocasiones podemos ser presa del miedo incluso cuando debemos afrontar un cambio que a todas luces se considera positivo, pero que a consecuencia de esa sensación de incomodidad, nuestro cerebro nos envía automáticamente un mensaje de «Alerta!, mejor vuelve a donde estamos a salvo, allí donde conocemos todos los intríngulis de nuestras tareas» por lo que tenderemos naturalmente a evitar asumir estos cambios. Pero no nos preocupemos porque esa reacción la podemos modificar para nuestra conveniencia, pues ya que nuestro cerebro es como un músculo que podemos entrenar, estaremos en la capacidad de realizar algunos ejercicios para que éste se sienta cómodo con los cambios que nos lleven a expandir los límites de nuestra zona de confort.

El estado mental que llamamos zona de confort fue acuñado hace más de un siglo por el dueto de psicólogos Yerkes y Dodson, con él explicaron cómo tendemos a adoptar rutinas que nos permitan disminuir el stress así como el riesgo, según su teoría, si se busca maximizar el desempeño, se tendrán que generar pasos rutinarios lo cual nos permitirá que nuestro cerebro les identifique inmediatamente tal y como si fuese un reflejo, en otras palabras,  inconscientemente vamos a asociar una serie de pasos que conforman una tarea de principio a fin, obteniendo así una condensación de pasos que nos llevará a estructurar una rutina en la que nos sentiremos cada vez más a gusto, aislando el stress y el riesgo.

¿Es necesario el stress en nuestras vidas?

Pienso que la mejor manera de responder a esta pregunta es imaginarnos que somos una cuerda de una guitarra, en el sentido que si se tiene la tensión apropiada esta va a brindar las mejores tonadas, pero si le ponemos mucha tensión, entonces puede romperse o simplemente sonar mal, es decir, si no logramos identificar el nivel ideal de tensión o stress con el que “sonemos” como queremos vamos a desafinar. De manera, si somos capaces de atrevernos a salir de nuestro espacio blindado por nuestras rutinas podremos tener un punto de referencia con respecto al cual podremos ir aumentando o disminuyendo la tensión que nos permitirá permanecer en nuestra zona de confort o por el contrario buscar traspasar nuestras propias fronteras y así alcanzar nivel de rendimiento más alto, el cual se nutre de esas situaciones de reto que vienen asociadas a nuevas tareas y por tanto desconocidas para nosotros.

¿Es siempre malo quedarse en la Zona de Confort?

Creo que la respuesta va a depender de cada individuo y sus aspiraciones personales, sin importar el ámbito en cual se desenvuelva, pues hay que tener presente que siempre tenderemos a establecer una nueva zona de confort incluso si procuramos no hacerlo, básicamente es como un reflejo de muchos de nosotros a querer sentirnos a gusto, con bajo riesgo y teniendo un alto nivel de certeza de lo que va a ocurrir

Quedarse en la zona de confort implica hacerse un par de preguntas importantes a uno mismo: ¿qué tan importante es el cambio? Eso si hay que responder con la mayor sinceridad posible, pues de otra manera podríamos estar justificando la decisión solo con excusas.

La segunda está enmarcada en el tiempo oportuno, es decir, debemos cuestionarnos sobre cuándo es el momento más conveniente para ensayar salir de nuestra zona de comodidad, pues puede que sea el caso que si bien aspiramos lograr un ascenso o dar el salto hacia el emprendimiento, nos hallamos en una situación en la que no podremos dar lo mejor de nosotros mismos como para que la transición a la zona de aprendizaje o de “magia” sea productiva y en lugar de obtener lo que buscamos terminemos consiguiendo una gran carga de stress que termine afectando incluso nuestro desempeño dentro de los márgenes de nuestra área de dominio, un ejemplo de este aspecto, es una experiencia personal, resulta que hay cierta formación que vi disponible compatible con el logro de algunos objetivos personales, que demandaba presencia física y por supuesto tiempo a dedicar, sin embargo, considerando que tenemos 2 hijos pequeños, uno de ellos de meses, concluí no sería acertado empezar este curso pues implicaría menos tiempo para compartir con los niños o sencillamente no poder dar todo el esfuerzo que la formación necesita, de manera que decidí postergar un poco el entrenamiento hasta que pudiese incorporarla en mi rutina diaria sin tener que pagar un precio tan alto, tal y como mi esposa siempre dice: el hecho de tener las prioridades bien definidas nos facilitan la toma de decisiones más asertivas

Reflexión Final

Para concluir, quiero invitarte a que por un momento cierres los ojos y te imagines que estás observando a alguien viendo una película que posiblemente en mayor o menor medida le guste, sin embargo, algo ocurre y ésta no pasa de la misma escena, una y otra vez se repite, o peor aún, la persona misma decide retroceder la escena para seguir viéndola indefinidamente; ¿qué pensarías de ese comportamiento? ¿Y qué tal si cuando haces zoom te das cuenta que quien está viendo la película “sin fin” eres tú mismo? Con este juego imaginario espero despertar en ti el deseo de reflexión de tu situación actual y determines si tiene algún parecido con la historia ficticia que acabas de leer, porque cuando nos quedamos en nuestro círculo de confort, cuando decidimos mantener el status quo, podríamos estar asumiendo la misma conducta del espectador que no deja avanzar la película para ver el desenlace de la historia. Si te pasó como a mí, que hice ese juego mental y me vi a mi mismo, entonces también espero reacciones igual y te pares de esa butaca y te decidas a hacer lo necesario para que tu “película” siga avanzando, pero esta vez tu siendo el protagonista.

Así que, si deseas al menos comenzar a poner un pie fuera, te propongo que comiences a dar pequeños cambios que te ayuden a ir acostumbrando tu cerebro a no sentirse tan cómodo o mejor aún, que sustituyas un hábito por otro que le de un mayor valor a tu vida acercándote a cualquiera que sea tu meta.

5 Simples pasos para vencer a la Procrastinación

5 Simples pasos para vencer a la Procrastinación

¿Alguna vez te ha pasado que quieres empezar a hacer algo (como a mí con este post, por ejemplo) que debes o quieres  hacer pero que de alguna manera implica « dolor » porque significa dedicación, tiempo, esfuerzo y sobre todo dejar de lado cosas que nos podrían representar más placer?…como por ejemplo pasar horas navegando por Facebook o Instagram viendo fotos y videos de forma autómata, sin embargo, dado que este placer es de corto plazo y como tal, desafortunadamente resulta efímero, luego cuando pasa el efecto placentero entonces nos sentimos culpables pues ese placer inmediato tuvo un costo de oportunidad, tuvimos que postergar algo teóricamente más importante que debíamos hacer, solo por buscar esa pequeña dosis de endorfinas que nuestro cerebro nos pedía en ese momento.

En muchas ocasiones, me pregunto ¿por qué muchos de nosotros no somos capaces de llevar a cabo las tareas según lo planeado cuando estas no implican placer o diversión? ¿Es que acaso nuestro cerebro tiene algún componente que nos inclina a postergar esas tareas que consideramos menos placenteras? ¿Es un mito o una realidad que bajo presión somos más eficaces? ¿Es la procrastinación una condición de carácter natural o es un hábito que desarrollamos con el tiempo?

¿Cuántas veces hemos tenido un proyecto a ser completado en un plazo específico? hacemos una estupenda planificación de las tareas, pero por alguna “misteriosa” razón sólo logramos iniciarla cuando ya tenemos “encima” la fecha tope de entrega, justo cuando sentimos el escalofriante miedo de quedar en evidencia, es decir, que podamos no cumplir con el plazo acordado.

Estas son algunas de las interrogantes que abordaremos en este artículo con el objetivo de identificar los elementos comunes de aquellos que solemos lidiar con este fenómeno ya tan conocido en estos días, pero que a diferencia de lo que muchos piensan tiene sus orígenes en tiempos remotos, asimismo, procuraremos discutir los elementos que normalmente disparan nuestro deseo de postergar el cumplimiento de una meta relevante, también veremos cuales son las posibles consecuencias en aquellos que irremediablemente caen en una interminable postergación de aquellas tareas que deben realizarse en un momento dado

Quiero que sepas amigo lector que yo ahora mismo me considero un procrastinador, sin embargo, ya estoy tomando cartas en el asunto por lo que decidí dar un primer paso, el cual fue documentarme sobre el tema a fin de ser capaz de generar contenido que aportase valor y que me sirviese para ayudar a otros que pudieran estar en la misma situación, a encontrar respuestas pero especialmente, estar en la capacidad de proponer posibles soluciones que tu puedas probar y determinar si te resultan prácticas y/o se adaptan a tu personalidad.

¿Cómo se origina?

Si bien existen divergencias entre los psicólogos estudiosos del tema lo cual da pie al continuo debate, pues algunos hablan de la incidencia de la ansiedad y el autoestima, existen otros que sitúan a la falta de confianza en sí mismo, aburrimiento y apatía como los elementos disparadores de la procrastinación. Pero al mismo tiempo, también se dice que la conexión más fuerte con la dilación es la impulsividad.

El muy reconocido psicólogo Walter Mischel (famoso por el experimento del marshmallow sobre el autocontrol) estableció que la dilación obedece a una falta de control de sí mismo

¿Qué ocurre en el cerebro cuando procrastinamos?

Normalmente, las tareas podemos clasificarlas en dos tipos:

1) Con fecha de entrega y 2) Sin fecha específica; de esta manera nuestro cerebro automáticamente las va a priorizar, lo cual implica, que subconscientemente va a saber si vamos a disponer o no de lo que yo llamo un “botón de pánico” para cuando nos acerquemos a esa fecha tope y será entonces cuando comencemos a literalmente trabajar día y noche el tiempo que sea necesario para cumplir la meta; es importante destacar que generalmente el procrastinador entrega todas sus tareas dentro del plazo establecido, sin embargo, debemos acotar que hay un alto riesgo que la calidad tenga un impacto negativo, es decir, que no obtengamos el mejor de los desempeños.

En el otro extremo,   están aquellas tareas en las que no hay presión de cumplir ninguna fecha, lo cual suele  ocurrir con los proyectos personales, y es a mi modo de ver, posiblemente la mayor amenaza de los mismos, pues al no haber un botón de pánico, nuestro cerebro procrastinador se siente cómodo y seguramente va a luchar por continuar dándole placer (aunque sea efímero) y lamentablemente no va a pasar nada, es decir, no habrá acción alguna, por eso en este caso mi mayor recomendación es siempre establecer un fecha límite para todo lo que nos propongamos hacer, pregúntate a ti mismo cuántas veces has dicho “un día de estos esto o aquello? Y luego lo que un día fue una gran idea con potencial se transformó en lo aquello que pudo ser y nunca se intentó, siendo la causa una muy simple: en el calendario no existe ningún día diferente a los 7 días tradicionales

Quisiera ahondar un poco más en este apartado pues creo es uno de los elementos que más generan dificultades a los emprendedores y es que debido al hecho que cuando se está dando inicio a un proyecto de emprendimiento no suele haber fechas de entrega o tope para ejecutar cada una de las tareas indicadas en nuestra planificación, en consecuencia, al no disponer de un botón de pánico entonces corremos el riesgo de simplemente no presionarnos y terminamos no haciendo nada pues en el camino nuestro cerebro decidió “ocuparse”de otras cosas de “ mayor relevancia” como por ejemplo un rapidísimo repaso de nuestras redes sociales que terminan consumiendo todo nuestro tiempo, o decides darte un breve paseo por Netflix y terminas enganchado en un maratón de tu show favorito, o cualquier otra actividad que reporte placer (de corto plazo) lo cual como ya hemos expuesto, el principal combustible de nuestro cerebro procrastinador que nos nos permite acercarnos a nuestra anhelada meta

La Procrastinación a lo largo de la historia

Entre los personajes que han marcado hitos en la historia, ha habido algunos destacados que han sido catalogados en algún momento como procrastinadores pero que, al mismo tiempo a pesar de su condición, han logrado destacar de manera notable, entre ellos tenemos:

  • San Agustín: Conocido como uno de los santos más pecadores de la Iglesia Católica, pero al mismo tiempo uno de los mayores contribuyentes de la doctrina cristiana, fue presa de lo que San Pablo (2 Timoteo. 2:22) describió como “Pasiones Juveniles” pues fue lo que hoy podríamos catalogar como un adicto al sexo en recuperación y esto quedó plasmado al describir una de sus célebres oraciones a Dios como lo fue: “Asegúrame la castidad y la continencia…pero no todavía”. Posteriormente, gracias a sus aportes se le llamó “Padre de la Iglesia”
  • Marcos Aurelio: El último de los 5 Emperadores Buenos del Imperio Romano, ciertamente no fue un procrastinador, sin embargo, nos dejó una reflexión categórica en sus famosas Meditaciones: “Piensa en todos los años pasados en los cuales te dijiste a ti mismo “Lo haré mañana” y como los dioses te han dado una vez tras otra, períodos de gracia los cuales no has aprovechado. Es el momento de darse cuenta que eres miembro del universo, que eres nacido de la naturaleza misma, y de saber que un límite ha sido añadido a tu tiempo”
  • Leonardo Da Vinci: El genio supremo del Renacimiento italiano, se le conoció por ser un adelantado de su tiempo, pues gracias a su enorme talento realizó importantísimas contribuciones en diferentes campos del saber, desde la biología hasta la ingeniería, sin embargo, también era conocido por ser un soñador que nunca finalizaba nada, posiblemente a consecuencia de sus ansias de trabajar diferentes proyectos antes de finalizarlos
  • Bill Clinton: 42° presidente de los EEUU, en 1994 fue descrito por la revista Time como un “Procrastinador Crónico” pues sus colaboradores le daban semanas o incluso meses para revisar resúmenes para discursos importantes que terminaban en “horribles sesiones de último minuto de copia y pega”

Posibles soluciones

A nivel cognitivo, debemos procurar cambiar nuestro patrón de pensamiento, seguido de un cambio del manejo del tiempo de esta manera estaremos atacando al problema por los dos principales frentes: a nivel de nuestra forma de pensar y al mismo tiempo gestionando más eficientemente nuestra agenda lo cual debe incidir positivamente en los episodios de procrastinación, pues si nuestro acercamiento o approach mental ya tiene predefinida la reacción natural de nuestro cerebro de buscar placer por encima del dolor nos dará la ventaja de tener consciencia de lo que está ocurriendo

¿Cómo lograremos conquistar al terrible hábito de la Procrastinación?

     Te propongo estos cinco sencillos pasos que ya yo mismo estoy implementando en mi proceso de desintoxicación de mi condición de procrastinador, te invito a que te preguntes ahora mismo ¿qué es lo peor que puede pasar si los aplicas? O mejor aún, dándole un enfoque positivo, ¿qué es lo mejor que puede ocurrir si te comprometes a aplicarlos? ¿Y si logras romper con el mal hábito de la dilación y tomas el control de tus impulsos?

  1. Metas

Ponlas en blanco y negro, míralas todos los días en la mañana y en la noche antes de dormir, esto te ayudará a crear la mentalidad para avanzar hacia el logro de estas.

Como punto importante a mencionar, siempre recuerda que, a diferencia de los sueños, las metas tienen una fecha en el calendario, de esta manera serás capaz de establecer una fecha tope, esto te dará lo que ya habíamos dicho antes tu “botón de pánico” que ayudará a reaccionar a tu cerebro racional.

  2. Fragmenta

Con el tiempo he aprendido que cuando debes comerte un elefante completo, la mejor manera de hacerlo es haciéndolo por partes, así podrás ir teniendo victorias tempranas que te darán más impulso y conocimiento para continuar trabajando por otras metas más complejas.

  3. Visualiza

Piensa en lo que vas a sentir cuando logres esa ansiada meta que tanto anhelas, imagina cuando vayas alcanzando los diferentes escalones o hitos de tu hoja de ruta.

Al mismo tiempo piensa en cómo te sentirías si pospones de objetivo solo por buscar placer temporal, piensa en el desagradable sentimiento de culpa que te va a invadir

Enfócate en tu meta, visualiza a diario la sensación de éxito que te producirá trabajar duro e inteligentemente por tu meta

  4. Rinde Cuentas

Está estadísticamente comprobado que cuando decides buscar a alguien al cual rendirle cuentas, tus probabilidades de éxito en el logro de tus objetivos serán del 65% respecto a aquellos que tienen a ningún accountability partner como se le conoce en inglés.

Este apartado tiene mucho sentido pues imagina que te comprometes con tu jefe o un cliente a completar cierta tarea en una fecha específica, la motivación que te dará el compromiso te brindará un impulso extra para acercarte más a tu objetivo.

Invita a gente de tu entorno a que forme parte de tu equipo de apoyo de manera que te puedan dedicar tiempo para sesiones de seguimiento constantes en las cuales evalúen los avances y posibles tropiezos que estés experimentando en tu camino a acabar con la terrible procrastinación.

  5. Recompensa

No hay nada mejor que celebrar las victorias y triunfos pues estos alimentará tu hambre por lograr más y repetir la celebración, la idea es establecer a nuestro cerebro la relación de placer que existe con la materialización de objetivos, de esta manera comenzaremos a crear una especie de círculo virtuoso que nos permitirá retarnos a nosotros mismos para ir por mayores y más exigentes proyectos que nos sirvan para pavimentar nuestro camino para seguir desarrollándonos y podamos acercarnos a nuestra mejor versión de nosotros mismos. Eso sí, recuerda siempre guardar una justa y lógica proporción entre el logro alcanzado y la recompensa que te vayas a dar y al mismo tiempo procura evitar actividades que atenten contra los nuevos hábitos que estás construyendo, es decir, que el premio no vaya a ser un catalizador de lo que pretendes combatir, un ejemplo puede ser:

  • Meta: Disminuir el peso corporal en 12kg en un lapso de 12 meses
  • Meta a corto plazo: Disminuir peso corporal 1kg /mes
  • Plan: seguir régimen dietético personalizado prescrito por un profesional del área más un plan de ejercicios aeróbicos de 5d/sem
  • Recompensa: ir a tu restaurante favorito a darte un banquete….

Como verás la idea es básicamente ser coherentes con los que nos planteamos como meta, o lo que es lo mismo, basta sólo con sentido común

Ya para concluir, quiero como siempre invitarte a pasar a la acción desde ya, a retarte a salir de tu zona de confort y pongas en práctica lo expuesto en este artículo, solo debes preguntarte: ¿qué puedo perder intentando versus lo que puedo ganar? Y finalmente, no olvides establecerte una fecha límite o como los angloparlantes llaman “deadline” que si lo traducimos literalmente significa “línea de muerte” que si bien suena dramático yo creo que es más bien pragmático pues creo se basa en el concepto de vida útil que todo y todos tenemos; si calculas cuantas semanas de vida útil tenemos de existencia desde el nacimiento (esperanza de vida global de 72 años, año 2018) y a eso le restamos las que hemos usado, tal vez así nos daremos cuenta de cuánto nos queda para llegar a nuestra fecha límite, entonces así tendremos un incentivo racional para dejar de postergar lo que creemos importante y pasaremos a la acción hoy mismo…

Dite a ti mismo como dijo Duke Ellington, “I don’t need time, I need a deadline” …”no necesito tiempo, necesito una fecha tope”